INTRODUCCIÓN

granny7

Mi abuela en Shanghai, 1960. La foto fue destropeada por los rebeldes revolucionarios en Revolución Cultural. La recuperamos en 1980.

Durante mi viaje a Shanghái, en enero del 2009, una idea que había estado dándome vueltas en la cabeza los años anteriores se fue cristalizando. Conforme me acercaba a mi destino la decisión de escribir una biografía sobre mi abuela en inglés y español fue tomando cuerpo y el detonante definitivo me llegó cuando en esas horas interminables bajo la luna y sobre las alas de un Ícaro majestuoso tuve tiempo en demasía para valorar muchas de las virtudes de mi abuela. En ellas no solamente alucinaba por su gran arte y los múltiples personajes a los que había dado vida, sino, también, por mi eterno agradecimiento por haber sido la mejor abuela para los ojos y oídos de una nieta.

post3

Postal conmemorativo emitido en China dedicado al trabajo artístico de mi abuela, 2000.

post2

Me despertó una oscura voz por los altavoces del avión: “Señoras y señores, dentro de diez minutos llegaremos a nuestro destino: ‘aeropuerto de Shanghái’, por favor ocupen sus asientos y abróchense sus cinturones de seguridad”. Miré mi reloj: eran las cinco de la madrugada; estiré mi brazo y subí la persiana de la ventanilla. A duras penas podía abrir mis ojos. ¡Ah!, ¡ya era de día! Se me había olvidado cambiar la hora y, la verdad, no es ninguna tontería, son siete horas de diferencia.

intro1

El cielo de Shanghai ,2009.

La luz de un sol muy brillante ya besaba mi cuerpo, acariciándome suavemente hasta abrazarme. Mi corazón estaba alterado, bailaba con mi sangre alborotada. El avión descendía suavemente desde las alturas hasta la calima que envuelve las grandes ciudades. Volví a mirar la tierra desde la ventanilla, los edificios: unos altos, otros bajos, algunos nuevos, varios otros antiguos; como si de notas musicales se tratara, cantaban una melodía opalescente. El río Huangpu era una línea de seda que conectaba los barrios. ¡Era Shanghái, mi ciudad! Los siete años que había pasado fuera se me habían convertido en una losa. “¡Hoy, por fin vuelvo a verte, mi querida Shanghái!”, pensaba.

intro2

Río Huangpu en enero de 2009.

Cuando salí por la puerta de llegada de viajeros del aeropuerto, mi emoción estaba al límite. Pronto vi a mis padres, a mis tíos, y todos nos abrazamos en una piña compacta. En las primeras impresiones me dijeron que no observaban mucho cambio en mi figura, ni tampoco en mi cara después de los años pasados. Les dije que me conservaba igual que cuando me fui gracias al aceite de oliva español, nos reímos mucho con mi ocurrencia.

Me llevaron hacia mi casa en el coche, y yo miraba ansiosa por la ventanilla las autopistas, los edificios, las calles. Algunos seguían siendo familiares, otros eran muy desconocidos. En esos seis últimos años de ausencia se habían hecho muchos cambios en Shanghái, “claro que sí”, me contestaron.

Cuando entré en mi casa, mi vista se centró en una señora mayor con pelo blanco, de cara esculpida con múltiples arrugas, pero sus ojos hablaban por sí solos.

—¡Mira!: ¿quién ha llegado? —le preguntaron mis padres.

—Es Xiao Fang —mi apodo—, mi nieta —les contestó muy rápidamente.

—¡Abuela, abuela! —la llamé al tiempo que la abrazaba fuertemente.

26

Shanghai, enero de 2009.

La acompañé para entrar en casa, luego nos sentamos juntas y me dijo:

—Xiao Fang, mi nieta, sabes que tu abuela te ha estado echando mucho de menos.

No me salían las palabras, solo me apetecía abrazarla una y mil veces.

Estuve en Shanghái durante tres semanas, en las que los momentos que estuve junto a mi abuela, fueron y serán para siempre inolvidables.

Un día que amaneció bien soleado, la acompañé a pasear por el parque. Caminábamos muy despacio, y yo quería que el tiempo pasara así: muy despacio. Saqué una foto de la abuela, su sonrisa era como un sol dorado, que caracoleaba entre el verdor de los árboles y los tonos azules de mi cielo.

 Abuela

Después de un paseo, le saqué una foto a mi abuela en enero de 2009.

Cuando ya me quedaban sólo dos días para el regreso a Madrid, de forma repentina, mi abuela me cogió las manos y me dijo:

—La abuela sabe que estás lejos de casa aprendiendo y creando tu mundo, tu abuela está muy orgullosa de ti.

No pude controlar mi emoción, la abracé fuertemente y lloré.

granny1

Mi abuela actuaba en la obra clásica de opera China La Leyenda de Dama Serpiente Blanca, 1953.

Dos días más tarde, tomé el vuelo de vuelta a Madrid. Tenía que despedirme de mi abuela y de toda mi familia y amigos. Shanghái, mi querida ciudad natal, donde mis padres, mis tíos, mi hermano y yo nacimos. Fue tan famosa que llegaron a llamarla “el París Oriental”, fue el paraíso de los aventureros en los años 30. Hoy es la ciudad más moderna de China, una de las más cosmopolitas del mundo. Shanghái siempre atrae a la gente que llega, no solo ahora sino hace cien años, cuando era un pueblo pequeño, y su puerto fue abierto al mundo de los negocios y el comercio. Volvemos a aquellos tiempos, los chinos de diferentes provincias de China y los extranjeros de diferentes países del mundo. Todos vienen a esta ciudad para probar suerte. Muchos de ellos vinieron de la provincia Jiangsu,  situada al norte de Shanghái.

Y es precisamente aquí donde la historia de mi abuela comienza.

js

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s