CAPÍTULO 3

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Xiao Wenyan actuába en la obra clásica Mapa de Bian Liang《汴梁图》.

Al cabo de unos interminables días, Xizi fue despertada una mañana por su madre. Encima de la mesa había seis tortas de sésamo y unos churros calientes. También se dejaba ver un raído cuenco de color blanco lleno de leche de soja.

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Tortas de sésamo 大饼

Cuando Xizi entreabrió sus ojos, no pudo por menos exclamar:

—Mamá, ¿qué fiesta es hoy?

—No, no es ninguna fiesta.

La pobre madre bajó su cabeza mientras con enorme esfuerzo le ponía su delantal y las lágrimas le asomaban a los ojos. Xizi no se dio cuenta afortunadamente.

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Churro caliente 油条 y leche de soja 豆浆. Un desayuno típico en Shanghai.

Con la inocente ingenuidad que caracteriza a los niños, Xizi comentó:

—Entonces ¿por qué hay hoy tantas ricas comidas?

—Después de desayunar te voy a llevar a casa de la Sra. Zhang para que puedas gozar de una vida muy feliz —le dijo mientras ella intentaba controlar su tristeza sin que afloraran las lágrimas. Tomando un peine comenzó a arreglarle su trenza con una flor de tela roja.

—¿Vais a venir conmigo, papá y mamá?

—Papá y mamá se van a ir a un sitio lejano, y cuando regresemos te vamos a recoger en casa de la Sra. Zhang —le contestó entre sollozos la madre.

—¡Mamá, no quiero ir!, ¡no quiero ir! —repetía Xizi mientras se abalanzaba hacia su madre, para abrazarla entre sollozos. Madre e hija se quedaron fundidas por momentos en un interminable abrazo.

Hacia las diez de la mañana la llevaron a casa de la Sra. Tao. Al otro lado de la mesa ya estaba sentado un matrimonio de mediana edad. El hombre vestía un impecable traje nuevo, mientras que la mujer se adornaba con un qipao de un delicado color azul. Al entrar Joy se la quedaron mirando de arriba a abajo mientras conversaban con voz sosegada.

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Qipao旗袍

En la escena también aparecía un hombre delgado de unos 60 años que portaba unas gafas y que con esmerado cuidado estaba preparando un recipiente con tinta china. Tan solo la Sra. Tao parecía dominar la reunión, moviéndose diligentemente a ambos lados de la mesa en sus esfuerzos por atender a los presentes.

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El pincel y la tinta china para escribir.

—Ahora que ya estamos todos, primeramente vamos a tomar un té —decía la Sra. Tao al mismo tiempo que con una sonrisa le acercaba una taza a la madre de Xizi.

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Té siémpre desempeña un papel muy importante en la vida cotidiana China. Tomamos té cuando charlamos, incluso estámos negociando.

—El matrimonio Zhang es muy bueno, sin duda alguna, y si Xizi viviera con ellos sería diez veces más feliz. ¡Qué digo!, incluso viviría cien veces mejor que en tu propia casa, y ya no tendría que preocuparte.

La madre de Xizi la miró desorientada, se sentía totalmente perdida, daba la impresión de que no entendía lo que le estaban diciendo. Estaba como ida, como si aquello no fuera con ella.

Al cabo de unos minutos la Sra. Tao se acercó al matrimonio Zhang para comentarles en voz baja:

—Mirad la niña, no solo es fina, es también inteligente, cuando sea mayor os va a ser de mucha utilidad. Y este negocio os es muy ventajoso, solo os va a costar cincuenta dayang (Moneda usada durante el período de 1912-1949 en China.)

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Dayang大洋

Mientras la Sra. Tao hablaba, el señor delgado ya había escrito cinco líneas en una hoja de papel.

—Porque no pueden criar a su hija Xizi, proceden a venderle voluntariamente al matrimonio Zhang a su hija por el precio de cincuenta dayang. Desde el día en que se firma el acuerdo ya no habrá posibilidad de arrepentimiento —el señor delgado pronunció en voz alta las frases que había escrito.

A continuación la Sra. Tao preguntó de forma inmediata:

—¿Tenéis alguna duda?, si no, podemos pasar a poner las huellas.

Puso a continuación un tintero con tinta roja delante de la madre de Xizi.

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Un ejemplo de acuerdo de la venta de tierra en Calendario Minguo 30 (1941). Debajo de los nombes, solía poner las huellas dactilares.

La mamá de Xizi abrazaba fuertemente a su pequeña, dando unos pasos hacia atrás mientras sus ojos aparecían como en un ataque de hidropesía, totalmente atemorizados, y a reventar de lágrimas.

Al verla de este talante, la Sra. Tao se lanzó a un esfuerzo final para convencerla.

—Mamá de Xizi, tu hija va a vivir con el matrimonio Zhang, es la gran suerte que te ha deparado el destino, y tú no debes ni puedes hacerle caso omiso al destino.

Mientras gritaba entre lloros el nombre de su hija, “¡Xizi, Xizi!”, su mano se fue adelantando lentamente hacia el tintero, y luego de humedecer en la tinta roja uno de sus dedos, lo apretó con furia contra el papel, donde su huella quedó marcada para siempre.

Acto seguido abandonó el lugar corriendo de forma precipitada. Cuando salió por la puerta se tropezó en el umbral, cayéndose allí mismo, para a continuación perder totalmente su consciencia.

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