Mes: octubre 2015

CAPÍTULO 6

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Xiao Wenyan actuába la obra clásica : Justicia de mujer 女审 1960. Estába a la izquierda.

En todos los seres humanos hay un pozo de egoísmo que nos hace mirar solo a nuestro ombligo y no nos permite reflexionar nunca en que siempre hay, al menos, dos o más almas en toda convivencia.

Los padres adoptivos de Xizi, aún siendo muy bondadosos, temían por su nueva posesión. No solamente la mimaban como si fuera un tesoro, también, sin pensar en los sentimientos que su hija adoptiva pudiera expresar, evitaban todo posible contacto con el exterior, para impedir así cualquier encuentro con sus padres biológicos, que, en un plausible arrepentimiento, podrían merodear por la zona donde actualmente vivía su hija.

Por ello Xizi nunca salía sola de su casa, de esta forma no podía salir corriendo a verles, ya que las dos familias no vivían demasiado lejos una de otra.

En sus planes estuvo siempre, desde un principio, la idea de mudarse de casa para evitar este problema, por ello, al cabo de seis meses de convivencia de Xizi con el matrimonio Zhang, todos se mudaron a una vivienda nueva. Aunque esta vivienda no estaba muy lejana de donde la madre había dejado a Xizi, fue la única que encontraron de momento para evitar el posible retorno de su progenitora. Estaban más tranquilos al disminuir la probabilidad de un posible encuentro. Pero a veces las situaciones no las manejamos como queremos y es el destino el que nos depara sorpresas.

Habían transcurrido dos años largos desde que Xizi viera a su madre biológica por última vez, cuando, de improviso, apareció una mujer de unos treinta y cuatro o treinta y cinco años que portaba un pequeño fardo. La cara de esta mujer denotaba cansancio y sufrimiento. Su aspecto era el de una persona de más edad de la que realmente tenía. Era la madre biológica de Xizi. Le traía unos regalos y unas comiditas.

La presencia de esta mujer provocó, como era natural, unas tensiones muy fuertes en el ambiente. Por momentos la madre adoptiva, la Sra. Zhang se temió lo peor. Su cara mostraba su gran disgusto y sus grandes temores ante esta visita. Nadie supo nunca como encontró la madre esta nueva vivienda, si por vigilancia en el barrio, barriendo con paciencia todas las calles, o si fue por el soplo de alguna antigua vecina.

Con un esfuerzo sobrehumano, la Sra. Zhang trató de contenerse y, una vez controlada la situación, se dirigió a Xizi para advertirle:

—Es tu nodriza, no vayas con ella.

Todavía Xizi recordaba algo de su madre a pesar de los dos años transcurridos. Mirando a ambas madres se dio cuenta de que su madre adoptiva mostraba una cara muy seria y, siguiendo la advertencia que le había hecho momentos antes, le dijo a su propia madre:

—Hola, nodriza.

No sabemos si en aquel momento la pequeña Xizi comprendía totalmente la dureza de la situación. Sin embargo, la lengua china iba a salir en ayuda de todos suavizando la situación. La palabra “nodriza” en chino también incluye la palabra “mamá”, y fue de esta forma como tanto Xizi y su madre biológica encontraron alivio. Por la conversación que mantuvieron ambas madres, la pequeña supo que su madre biológica trabajaba como sirvienta y que su padre biológico había fallecido.

Después de una media hora interminable de charla para la madre adoptiva, la “nodriza” abandonó la casa. A Xizi no la dejaron acompañarla y por esto no pudo bajar las escaleras y se tuvo que despedir de su “nodriza” desde lo alto.

La imagen que le quedó a Xizi de su madre fue la de la espalda de una señora que, vestida con traje azul y pelo recogido, volvía la cabeza y la miraba fijamente. Fue la última mirada entre una madre y su hija. Con la desaparición de esa imagen desapareció también la madre de Xizi para siempre.

Después de esta visita, el matrimonio Zhang temía que volviera a presentarse de nuevo la madre biológica de Xizi. Por ello se mudaron a toda prisa, trasladándose a otro sitio completamente desconocido para esta mujer y fue así como ni Xizi pudo mas volver a ver a su madre, ni esta pudo saber donde vivía su hija.

Esto que hacía el matrimonio Zhang era muy común en aquella época en China. Para una familia no rica (el matrimonio Zhang pertenecía a esta condición) resultaba complicado y duro la crianza de una niña. Todos los cuidados y mantenimientos que requería eran muy caros. Por eso no podían permitirse el lujo de que cuando fuera mayor ella los abandonara para irse con su madre biológica.

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Xiao Wenyan actuába, 1946.

 

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CAPÍTULO 5

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Xiao Wenyan actuaba en la obra clásica : Justicia de mujer 女审, 1960.

El tiempo se aceleraba como si estuviera pasando por un profundo y ensordecedor cañón. Al tiempo de su sexto cumpleaños Xizi ya llevaba dos años viviendo bajo el mismo techo que el matrimonio Zhang. Ellos la mimaban en todos los sentidos, no solamente colmaban escrupulosamente sus necesidades vitales si no que también disfrutaban de los cuidados sentimentales que su edad requería.

Su padre adoptivo se llamaba Zhang Shaoqing (de aquí en adelante Sr. Zhang), y era originario de Funing provincia de Jiangsu. Ya llevaba viviendo en Shanghái unos diez años. La infancia del Sr. Zhang fue dura a más no poder. Cuando su padre falleció él era pequeño y su madre se casó en segundas nupcias con un hombre de apellido Zhang proveniente de Huai’an. Como consecuencia de esto el niño tuvo que cambiar su apellido al de Zhang y su lugar de nacimiento del de Funing al de Huai’an. Cuando llegó a Shanghái inicialmente era conductor de rickshaw, posteriormente estuvo trabajando en un mercadillo. Como quería quedarse en Shanghái, necesitaba un trabajo más estable. Por eso vio un poco de luz cuando, a través de unos amigos, consiguió empezar a trabajar como portero en un teatro. Además el hecho de que supiera escribir algunas palabras le permitió tomar notas.

Siempre le gustaba abrazar a Xizi cuando se tomaba una copa de orujo mientras trasegaba los humos de su cigarrillo por sus narices. Le gustaba compartir con ella los aperitivos mientras que al mismo tiempo le recitaba los cuentos de las obras del teatro donde él trabajaba. Xizi se quedaba siempre fascinada con los personajes de las obras que su padre adoptivo le iba contando.

Todos esos aperitivos compartidos y tan llenos de relatos fascinantes pronto comenzaron a hacer mella en la pequeña Xizi. Los mitos envolvían su infantil mente produciendo una atracción extrema, unas ilusiones por ver la realidad de esos personajes con sus propios ojos, que su padre inmediatamente fue apreciando.

Cuando Xizi no pudo más con esa ilusión por ver los personajes en la realidad, no dudó un momento en suplicarle a su padre, quien, no pudiendo disuadirla, al final claudicó. En una noche de invierno la llevó, dejándola sentada en la primera fila. Esa noche se ponía en escena una obra que constaba de varios actos. La trama de la obra se trataba de la vida de un matrimonio que tenía un hijo y una hija. El hijo era estudiante mientras que la hija ayudaba a su madre en las tareas domésticas. Después del fallecimiento del marido la mujer se enamoró locamente de un monje. Sin embargo la normativa feudal no permitía este tipo de relación. Así, sus relaciones eran totalmente secretas para evitar castigos. Pero un día el hijo les descubrió por casualidad y le dijo al monje que no podía ir a su casa. La madre se puso muy furiosa y después de varias consultas con su querido monje decidió que la única salida era matar al hijo. Sin embargo, en estas idas y venidas también la hija les había oído y puso los hechos en conocimiento del profesor de su hermano. La madre mató a su hijo finalmente pero fueron denunciados por el profesor. La madre y su monje amante fueron castigados.

Durante la función Xizi le decía a su padre adoptivo:

—Esa mujer es malísima —había oído a la señora y al monje como habían decidido matar al hijo. Xizi le dijo a su padre que los odiaba y que estaba muy preocupada. Mientras decía esto Xizi se había cogido del brazo de su padre de forma muy excitada y nerviosa.

—No te preocupes, eso no es la verdad, ni es real, son interpretaciones que hacen los actores —le repetía su padre. Pero Xizi estaba absorta en sus pensamientos y no lo oía. Lanzó una mirada rebosante de odio con sus ojos desorbitados al mismo tiempo que anhelaba morderla.

Cuando el profesor recitaba que hasta incluso el tigre es cruel pero no se come a sus hijos y los acompaña a su guarida, Xizi pataleaba nerviosamente al mismo tiempo que decía:

—No, no, no. No vuelvas a tu casa.

Cuando vio que la madre sacando un cuchillo, mataba a su hijo y la sangre teñía sus ropas bajo la luz de los focos, Xizi se echó a llorar. Ella estaba llena de odio pero al mismo tiempo temblaba de miedo.

Su padre reaccionó rápidamente adoptando una medida urgente muy a su pesar. La sacó del teatro antes de que terminara la obra. Por el camino se arrepentía de haber llevado a Xizi a ver esa obra de teatro.

Xizi se pasó toda la noche llorando a mares, al tiempo que exclamaba:

—Se murió el hermanito, se murió, se murió…

Para que se pudiera calmar y que su corazón en pena no sufriera más, al día siguiente su padre adoptivo la llevó al teatro. Entrando en los camerinos buscó al actor que el día anterior había representado el papel del hijo. Se trataba de un joven unos pocos años mayor que Xizi. Su padre alzó su mano señalándolo mientras, sonriente, le decía a Xizi:

—¡Mira! ¿Ves como al hermanito no le ha pasado nada y está bien?

Mientras, ella cogía la mano del actor y le preguntaba:

—No estás muerto, ¿verdad? —acariciando su frente y su nariz se percataba de que no había ninguna herida. Después de eso se quedó tranquila.

—¿Pero por qué había sangre en la escena?, ¿cómo es eso posible?

—Simplemente era tinta roja —le respondió el actor.

Ya con su corazón tranquilo, sin ninguna zozobra y haciéndose dueña de la situación, inmediatamente comenzó a hacer preguntas sobre esto y sobre aquello. Era la balsa repleta de ingenuas preguntas que habían estado contenidas en su corazón por ese horror y miedo que hasta entonces le había producido la escena del asesinato. Su padre se dio cuenta de que todo el mundo en el teatro estaba muy ocupado y, cogiendo a Xizi, se la llevó a casa.

Era la primera vez que Xizi había visto una obra de teatro, y ya su alma teatral comenzaba a despertarse de una forma muy elocuente, plena de curiosidades por todo lo que el arte de Talía encierra entre bambalinas. Nunca, en esos momentos, pudo imaginar ni por un instante que solamente unos años más tarde ella misma actuaría en muchas obras de teatro con ese mismo actor por cuya muerte en esa noche había llorado tan desconsoladamente.

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Xiao Wenyan actuába en la obra clásica: Justicia de mujer 女审,1960. Está en centro de la foto.

CAPÍTULO 4

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Xiao Wenyan actuaba en la obra : Heroína de los ríos salvajes (荒江女俠 Heroine of the Wild Rivers).

¿Cuándo se repuso del desmayo la madre de Xizi? ¿Cómo volvió a su casa? ¿A dónde fueron los padres de Xizi? Recordemos que le dijeron a la pequeña que iban a un sitio lejano. ¿Dónde vivieron? ¿Cómo fallecieron? ¿Dónde están enterrados? Todas estas preguntas y muchas más quedaron para siempre sin contestación.

Para Xizi siempre será una gran tragedia no conocer los nombres y apellidos de sus padres, y más aún no conocer el lugar de su propio nacimiento.

En el momento de su adopción por el matrimonio Zhang ella acababa de cumplir cuatro años. En la misma noche del día de adopción, el matrimonio preparó una cena de celebración a la que invitaron a sus amigos.

Cuando Xizi hizo su aparición en la cena todos quedaron boquiabiertos, estaban ante una niña de gran hermosura. Sus pobres ropas se habían trasformado en una pulcra camisa blanca, enmarcada dentro de un vestido estampado al que le hacía la competencia en brillantez unos primorosos zapatos negros. Todos menos Xizi sabían la anécdota de esas ropas que ahora lucía ella. Todos conocían la realidad de aquellos vestidos. En su momento habían sido la vestimenta de la auténtica hija del matrimonio Zhang, muerta recientemente.

Antes de que los invitados comenzaran a engullir las viandas, la Sra. Zhang se levantó y dirigiéndose a los invitados, les comentó:

—Mi marido y yo volvemos a tener una hija, se llama Xizi, este nombre nos parece muy bonito y no vamos a cambiarlo. Cuando envejezcamos tendremos que depender de ella. Por eso a partir de ahora os pedimos por favor que la eduquéis, le corrijáis sus defectos y la aconsejéis en todo momento.

Durante la cena los invitados no cesaban de elogiar al matrimonio Zhang por haber adoptado una niña tan bella y volver así a tener una hija. Algunas mujeres entre las invitadas intentaron hablar con Xizi, pero todos los intentos fueron en vano.

Llevaba ya en esa casa casi siete horas, danzando de aquí para allá, cual marioneta en un circo. Aunque reacia al principio a toda colaboración con la Sra. Zhang, finalmente Xizi dejó que su madre adoptiva la transformara. Le lavó el pelo, la duchó, le cambió las ropas, todo esto antes de que comenzara la cena.

Xizi tenía mucho miedo porque no conocía a nadie. Su cabeza aparecía siempre caída, rehuyendo la vista de los demás. Las manos tensas tiraban en todo momento de los bordes del vestido. Echaba mucho de menos a sus padres. Quería llorar pero no tenía fuerzas ni valor. No entendía las conversaciones de los invitados. Su mente estaba en otro lugar. Tampoco tenía ganas de probar los platos de la cena. En su pequeña cabeza solo una cosa daba vueltas y más vueltas, una idea que la atenazaba por momentos: “Espero ver a mi mamá mañana y que me saque de esta casa desconocida”.

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Xiao Wenyan actuába en una obra clásica, 1940s.