CAPÍTULO 5

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Xiao Wenyan actuaba en la obra clásica : Justicia de mujer 女审, 1960.

El tiempo se aceleraba como si estuviera pasando por un profundo y ensordecedor cañón. Al tiempo de su sexto cumpleaños Xizi ya llevaba dos años viviendo bajo el mismo techo que el matrimonio Zhang. Ellos la mimaban en todos los sentidos, no solamente colmaban escrupulosamente sus necesidades vitales si no que también disfrutaban de los cuidados sentimentales que su edad requería.

Su padre adoptivo se llamaba Zhang Shaoqing (de aquí en adelante Sr. Zhang), y era originario de Funing provincia de Jiangsu. Ya llevaba viviendo en Shanghái unos diez años. La infancia del Sr. Zhang fue dura a más no poder. Cuando su padre falleció él era pequeño y su madre se casó en segundas nupcias con un hombre de apellido Zhang proveniente de Huai’an. Como consecuencia de esto el niño tuvo que cambiar su apellido al de Zhang y su lugar de nacimiento del de Funing al de Huai’an. Cuando llegó a Shanghái inicialmente era conductor de rickshaw, posteriormente estuvo trabajando en un mercadillo. Como quería quedarse en Shanghái, necesitaba un trabajo más estable. Por eso vio un poco de luz cuando, a través de unos amigos, consiguió empezar a trabajar como portero en un teatro. Además el hecho de que supiera escribir algunas palabras le permitió tomar notas.

Siempre le gustaba abrazar a Xizi cuando se tomaba una copa de orujo mientras trasegaba los humos de su cigarrillo por sus narices. Le gustaba compartir con ella los aperitivos mientras que al mismo tiempo le recitaba los cuentos de las obras del teatro donde él trabajaba. Xizi se quedaba siempre fascinada con los personajes de las obras que su padre adoptivo le iba contando.

Todos esos aperitivos compartidos y tan llenos de relatos fascinantes pronto comenzaron a hacer mella en la pequeña Xizi. Los mitos envolvían su infantil mente produciendo una atracción extrema, unas ilusiones por ver la realidad de esos personajes con sus propios ojos, que su padre inmediatamente fue apreciando.

Cuando Xizi no pudo más con esa ilusión por ver los personajes en la realidad, no dudó un momento en suplicarle a su padre, quien, no pudiendo disuadirla, al final claudicó. En una noche de invierno la llevó, dejándola sentada en la primera fila. Esa noche se ponía en escena una obra que constaba de varios actos. La trama de la obra se trataba de la vida de un matrimonio que tenía un hijo y una hija. El hijo era estudiante mientras que la hija ayudaba a su madre en las tareas domésticas. Después del fallecimiento del marido la mujer se enamoró locamente de un monje. Sin embargo la normativa feudal no permitía este tipo de relación. Así, sus relaciones eran totalmente secretas para evitar castigos. Pero un día el hijo les descubrió por casualidad y le dijo al monje que no podía ir a su casa. La madre se puso muy furiosa y después de varias consultas con su querido monje decidió que la única salida era matar al hijo. Sin embargo, en estas idas y venidas también la hija les había oído y puso los hechos en conocimiento del profesor de su hermano. La madre mató a su hijo finalmente pero fueron denunciados por el profesor. La madre y su monje amante fueron castigados.

Durante la función Xizi le decía a su padre adoptivo:

—Esa mujer es malísima —había oído a la señora y al monje como habían decidido matar al hijo. Xizi le dijo a su padre que los odiaba y que estaba muy preocupada. Mientras decía esto Xizi se había cogido del brazo de su padre de forma muy excitada y nerviosa.

—No te preocupes, eso no es la verdad, ni es real, son interpretaciones que hacen los actores —le repetía su padre. Pero Xizi estaba absorta en sus pensamientos y no lo oía. Lanzó una mirada rebosante de odio con sus ojos desorbitados al mismo tiempo que anhelaba morderla.

Cuando el profesor recitaba que hasta incluso el tigre es cruel pero no se come a sus hijos y los acompaña a su guarida, Xizi pataleaba nerviosamente al mismo tiempo que decía:

—No, no, no. No vuelvas a tu casa.

Cuando vio que la madre sacando un cuchillo, mataba a su hijo y la sangre teñía sus ropas bajo la luz de los focos, Xizi se echó a llorar. Ella estaba llena de odio pero al mismo tiempo temblaba de miedo.

Su padre reaccionó rápidamente adoptando una medida urgente muy a su pesar. La sacó del teatro antes de que terminara la obra. Por el camino se arrepentía de haber llevado a Xizi a ver esa obra de teatro.

Xizi se pasó toda la noche llorando a mares, al tiempo que exclamaba:

—Se murió el hermanito, se murió, se murió…

Para que se pudiera calmar y que su corazón en pena no sufriera más, al día siguiente su padre adoptivo la llevó al teatro. Entrando en los camerinos buscó al actor que el día anterior había representado el papel del hijo. Se trataba de un joven unos pocos años mayor que Xizi. Su padre alzó su mano señalándolo mientras, sonriente, le decía a Xizi:

—¡Mira! ¿Ves como al hermanito no le ha pasado nada y está bien?

Mientras, ella cogía la mano del actor y le preguntaba:

—No estás muerto, ¿verdad? —acariciando su frente y su nariz se percataba de que no había ninguna herida. Después de eso se quedó tranquila.

—¿Pero por qué había sangre en la escena?, ¿cómo es eso posible?

—Simplemente era tinta roja —le respondió el actor.

Ya con su corazón tranquilo, sin ninguna zozobra y haciéndose dueña de la situación, inmediatamente comenzó a hacer preguntas sobre esto y sobre aquello. Era la balsa repleta de ingenuas preguntas que habían estado contenidas en su corazón por ese horror y miedo que hasta entonces le había producido la escena del asesinato. Su padre se dio cuenta de que todo el mundo en el teatro estaba muy ocupado y, cogiendo a Xizi, se la llevó a casa.

Era la primera vez que Xizi había visto una obra de teatro, y ya su alma teatral comenzaba a despertarse de una forma muy elocuente, plena de curiosidades por todo lo que el arte de Talía encierra entre bambalinas. Nunca, en esos momentos, pudo imaginar ni por un instante que solamente unos años más tarde ella misma actuaría en muchas obras de teatro con ese mismo actor por cuya muerte en esa noche había llorado tan desconsoladamente.

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Xiao Wenyan actuába en la obra clásica: Justicia de mujer 女审,1960. Está en centro de la foto.

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